One belt one road

Por Loreto Leyton el sep 25, 2017

One belt one road

(artículo escrito por Loreto Leyton, Directora de la Fundación Chilena del Pacífico para la revista "Mirada" número 169 de la Facultad de Economía y Negocios)

En un mundo donde el crecimiento no se ha consolidado ni vuelto a alcanzar los niveles que tuvo pre crisis financiera, se suma el remezón que ha habido en el orden económico y político mundial, desde la asunción en el poder del nuevo presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

El abandono del acuerdo del Trans Pacific Partnership (TPP) fue el primero de varios otros anuncios que han ido rompiendo el esquema de libre comercio y apertura económica que imperaba en el sistema internacional hasta ahora. La administración Trump ha añadido un grado de incertidumbre al cual no estábamos acostumbrados y menos viniendo de la potencia mundial que era ícono de las libertades en casi todos los ámbitos. Esto, a su vez, ha contribuido a alimentar las voces anti globalización y pro proteccionismo en el mundo occidental, especialmente en Europa, donde la reciente elección de Emmanuel Macron como presidente de Francia vino a dar un respiro a esta situación.

Como contrapartida a este nuevo orden de cosas, resurge la iniciativa del Cinturón Económico de la Ruta de la Seda y el Camino Marítimo de la Seda del Siglo XXI, más conocido como One Belt, One Road” (OBOR) que fue lanzado por el Presidente de China, Xi Jinping, en septiembre del 2013 y que, en este contexto de desconcierto por este nuevo EE.UU., ha pasado a transformarse en una de sus principales herramientas para intentar posicionarse como un nuevo líder mundial y para hacer realidad el Renacimiento de la Gran Nación China – el Sueño Chino que consiste en restaurar y legitimar el resurgimiento de China como potencia mundial.

Para entender cómo China intenta posicionar su proyecto en la comunidad internacional y cómo lo contextualiza es interesante hacer referencia a la publicación oficial del gobierno chino (lanzada con ocasión del Belt and Road Forum for International Cooperation del 15 mayo 2017), titulada “Construcción conjunta de “la Franja y la Ruta”: Concepto, práctica y contribución de China. Oficina del Grupo Dirigente de Fomento de la Construcción de la Franja y la Ruta. Mayo de 2017”, que dice:

Se trata de un proyecto chino basado en la defensa de un sistema económico mundial de tipo abierto y la materialización de un desarrollo diversificado, independiente, equilibrado y sostenible; es también una propuesta china destinada a profundizar la cooperación regional, reforzar el intercambio y el aprendizaje mutuo entre las civilizaciones y mantener la paz y la estabilidad en el mundo y pone aún más de manifiesto la responsabilidad de China como el mayor país en vías de desarrollo y la segunda gran economía global para impulsar el desarrollo imparcial, justo y razonable del sistema de gobernanza económica mundial.

En el mundo de hoy, la globalización económica y la integración regional han estimulado enormes potenciales de producción. El progreso científico y tecnológico ha contribuido a elevar enormemente la eficiencia de la producción y la vida, y la humanidad ha alcanzado cotas sin precedentes en la creación de riqueza material y espiritual. Al mismo tiempo, a medida que se ha acelerado el desarrollo económico y social se han estrechado constantemente las relaciones entre los diversos países y los desafíos conjuntos a los que hacen frente aumentan día a día: la economía mundial carece del vigor necesario para crecer y se ha debilitado el papel impulsor de los tradicionales motores del crecimiento; la globalización se enfrenta a nuevas dificultades y obstáculos y el concepto de apertura y cooperación apropiado a los intereses de toda la humanidad se ha visto amenazado; el sistema de gobernanza económica global no puede reflejar los cambios objetivos y la innovación de sistemas y mecanismos avanza lentamente; las economías desarrolladas han entrado en una etapa de post industrialización y algunos países en vías de desarrollo no han abierto las puertas de la modernización; quedan por perfeccionarse los sistemas de comercio global e inversión y no se ha estructurado todavía una cadena de valor global de beneficio mutuo; el suministro de infraestructuras en un número considerable de países es insuficiente y el desarrollo regional y subregional está siendo condicionado por las restricciones debidas a fenómenos de “cuello de botella”. Frente a las dificultades y desafíos, la solución fundamental reside en el refuerzo de la cooperación. Por ello, China ha formulado la iniciativa de construcción conjunta de “la Franja y la Ruta”.

Hace unos años habría sido muy difícil identificar al gobierno de China como el autor de este texto, el cual, además de delinear su posición sobre el comercio mundial, deja ver entre líneas su aspiración a ocupar el espacio que han dejado los debilitados “tradicionales motores del crecimiento”.

Esta difusión ha ido acompañada del diseño, por parte de los departamentos del gobierno central y autoridades locales, de nuevas políticas para abrir aún más el mercado chino y promover la cooperación internacional.

Asimismo, se han creado dos instituciones financieras que aportarán fondos para el desarrollo de muchos de estos proyectos. Se trata de los recientemente creados Asia Infrastructure Investment Bank (AAIB) y el Silk Road Fund, los cuales se espera proporcionen financiamiento para atender las necesidades de infraestructura en toda Asia y cuyos aportes se estiman podrán llegar a más de $500 mil millones de dólares. Esto en un contexto en que las estimaciones de las "brechas" de infraestructura equivalen a miles de millones de dólares. En Asia, en particular, la necesidad de inversiones en infraestructura en energía, transporte, agua y comunicación es enorme. El Banco Asiático de Desarrollo estima que se necesitarán cerca de $8 mil millones de dólares en gastos de infraestructura en Asia en el período 2010-2020. Por su parte, la consultora McKinzey estima que, en los próximos dos decenios, la necesidad global de financiamiento de infraestructura ascenderá a los $ 57 mil millones de dólares.

De acuerdo a He Yafei, ex viceministro y actualmente miembro de la Oficina del Consejo de Estado de Asuntos Chinos de Ultramar, la libre circulación de las monedas locales será parte integrante de la nueva estructura económica que se crea con OBOR. Estas dos instituciones financieras (AAIB y Silk Road Fund), además de constituir una nueva vía para el financiamiento de las inversiones en infraestructura, también contribuirán a reformar el sistema financiero mundial. El financiamiento intrarregional de libre comercio e infraestructura debiera permitir un uso y circulación de la moneda más eficiente en los países involucrados, reduciendo o evitando los riesgos asociados con una dependencia total de un sistema financiero centrado en el dólar estadounidense para el financiamiento de proyectos.

Por otra parte, el mundo occidental entiende esta iniciativa como la construcción de un corredor económico, emulando el recorrido de la antigua “ruta de la seda”, que busca desarrollar una estrategia nacional para mejorar la infraestructura y canales de comercio entre China y los mercados de Europa y Asia Central (rica en energía) y el Sudeste Asiático y África (ambos ricos en recursos naturales).

Este nuevo "Belt" se ramificará en el sureste y el sur de Asia y se expandirá a través de Eurasia con una red de carreteras y ferrocarriles de aproximadamente 11.000 kilómetros de largo, conectando varias ciudades en el oeste de China hasta llegar a Europa occidental a través de Asia Central, Irán, Turquía, Rusia, el Cáucaso y los Balcanes. Paralela a ella, se desplegará una red de oleoductos, cables de fibra óptica y enlaces de telecomunicaciones. Mientras que el "Cinturón" enlaza Eurasia por tierra, la "Ruta de la Seda Marítima del siglo XXI" comprenderá una serie de puertos que conectarán a China con el Sudeste Asiático, Asia Meridional, África, Oriente Medio y Europa a través del Mar de China Meridional y el Mediterráneo.

One Belt One Road

 

Tal como lo menciona Nicola Casarini (Senior Fellow and Head of Research for East Asia at the Istituto Affari Internazionali), OBOR no es sólo una gran oportunidad para que China promueva su reforma y apertura, también ofrece una gran plataforma de cooperación a los países que se ubican a lo largo de la ruta para cosechar mayores beneficios económicos y sociales. Se trata de un innovador método de cooperación en el sistema mundial que involucra a cerca de 60 países, el 75% de las reservas energéticas conocidas en el mundo, el 70% de la población mundial y generaría el 55% del PIB mundial.

Siendo esto así, China pasará a ser uno de los principales motores económicos en la primera mitad del siglo XXI, con un crecimiento anual de alrededor del 7% que contribuye a más del 30% del crecimiento económico global, con importaciones de bienes de cerca de $ 10 mil millones de dólares, inversiones proyectadas hacia afuera de cerca de $ 500 mil millones de dólares y con más 500 millones de turistas recorriendo el mundo en los próximos cinco años.

Estas cifras proyectadas en un momento donde predomina la incertidumbre por los cambios que se están produciendo en el orden mundial, con un clima económico que no logra despuntar y con problemas geopolíticos alrededor del mundo, han logrado concitar la atención global. Un reflejo claro de esto último fue la excelente convocatoria que tuvo el “Belt and Road Forum for International Cooperation” que se desarrolló el 15 de mayo de 2017 en Beijing, donde se firmaron un sinnúmero de proyectos en más de 76 categorías. Fue el evento multilateral de más alto nivel celebrado en China, con la asistencia de jefes de Estado o de Gobierno de 29 países asociados, entre ellos, la Presidenta de Chile, Michelle Bachelet.

Los acuerdos firmados en el Foro abarcaron una amplia gama de sectores, entre ellos las telecomunicaciones, el desarrollo de infraestructura, la promoción del comercio y la cooperación financiera. También impulsó una mayor apertura en términos de acceso al mercado y flujo de información entre los países miembros – uno de los aspectos claves de OBOR. China se ha encargado de resaltar el hecho que, si bien es una iniciativa china, ésta debe servir al mundo y sólo puede lograr su objetivo si el mercado chino se abre aún más, convirtiendo a China en un actor responsable en la escena mundial.

Esto ayudaría a aplacar las dudas de los más escépticos, que han visto la iniciativa como una forma para que Beijing aumente su influencia geopolítica y encuentre maneras de vender sus existencias de acero y cemento o exportar su problema de sobrecapacidad industrial. Hay quienes también piensan que podría convertirse sólo en un gran instrumento de gestión de las cadenas de valor en beneficio de China. Otros detractores, especialmente en Europa, temen que la iniciativa tenga repercusiones políticas y estratégicas a largo plazo para su propio continente. Creen que China podría buscar crear dependencias políticas y económicas entre los países más pobres de la UE oriental, utilizando sus masivas inversiones en infraestructura para ejercer influencia política.

Para contrarrestar estos temores, OBOR también incluye una fuerte dosis de potencia blanda. Se ha difundido que la inversión china, más allá de servir al interés nacional, es un medio para mostrar a las comunidades de Eurasia que China es un socio atractivo. Beijing ha vendido OBOR como un medio de desarrollo mutuo, tratando de instalar la idea que China es un tipo diferente de poder mayor y no un régimen mercantilista. Se le concibe como un plan por el cual aumentar el crecimiento económico, consolidar relaciones diplomáticas, y lograr sociedades más cercanas, reinstalando el legado de la Ruta de la Seda.

De acuerdo al Embajador de China en Chile, Li Baorong, la aspiración del Presidente Xi Jinping es lograr que al 2021, China sea una sociedad “modestamente acomodada” y, al 2049, ya esté “en lo más alto del desarrollo”. Para esto, necesitan un ambiente pacífico y estable, que se verá favorecido con el desarrollo económico de China. Están convencidos que ningún país puede estar aislado y, por lo mismo, invitan a trabajar por esta “comunidad de destino común”. 

En resumen, China aspira a que OBOR le reporte no sólo una ganancia económica, sino que también una diplomática.

 

OBOR y nuestra región

A pesar que hubo rutas marítimas en el pasado como la que existió entre Filipinas y Acapulco de la cual hay registros de 1575 y que hizo que la moneda mexicana circulara en China hasta 1919, América Latina y el Caribe no están incluidas en la nueva ruta de la seda, no al menos en el diseño original de las rutas antes descritas. Sí se habla de posibles extensiones como, por ejemplo, el proyecto de ferrocarril transcontinental que conectaría la costa del Pacífico de Perú con la del Atlántico de Brasil.

En cuanto a Chile en particular, hemos manifestado nuestro interés por ser parte de este mega proyecto lo que se vio reflejado cuando, durante el Foro OBOR, Chile estuvo entre los siete nuevos miembros aprobados para unirse al The Asian Infrastructure Investment Bank (AIIB), junto a Bolivia, Bahrein, Chipre, Grecia, Rumania y Samoa. En dicha oportunidad, el presidente del banco, Sr. Jin Liqun, señaló que "una mejor infraestructura a través de Asia permitirá a los bienes chilenos acceder a nuevos mercados, más inversiones en la infraestructura chilena a su vez unirán a los dos grandes continentes de Asia y América Latina".

Por su parte, la presidenta Bachelet señaló "creemos que hay muchos proyectos que pueden enlazar Asia con o por América Latina", como el proyecto de un cable de fibra óptica Trans-Pacífico para mejorar la conectividad digital entre Asia y América latina, el cual podría ser considerado como parte del "One Belt, One Road Initiative". Otras inversiones podrían incluir túneles y carreteras a través de la Cordillera de los Andes y puertos para vincular a América Latina y América del Sur con Asia.

China es actualmente el mayor socio comercial de Brasil, Chile y Perú. Sin duda, el hecho que el Banco AIIB haya elegido como plaza a Chile, a pesar de que nuestro país no es el mayor destinatario de las inversiones chinas en América Latina, refleja el interés del gigante asiático de posicionarnos como un “puente entre América Latina y los países del Asia Pacífico” (cito al embajador de China en Chile). Por ahora, el fuerte estará en trabajar otro tipo de conectividades, como la digital, o la política, que nos puedan conducir a desarrollar otras iniciativas que permitan disfrutar de los beneficios que se supone vienen acompañando a OBOR.

 

Alianza del Pacífico

En este contexto de integración a gran escala, no se puede dejar de mencionar a la Alianza del Pacífico (AP), proceso de integración entre Chile, Colombia, México y Perú, y la relevancia que puede adquirir a los ojos de Asia. En el ADN de la AP se encuentra Asia. En su carta constitutiva se habla expresamente de “salir como bloque hacia terceros mercados, en especial hacia el Asia Pacífico”. 

Hasta ahora, no ha habido pasos significativos entre ambas regiones, lo cual se explica en parte por el estado más bien gestacional de este proceso de integración regional. Por una parte, el Protocolo Adicional Comercial de la AP recién entró en vigencia en mayo del 2016 y está en sus inicios de implementación y, por otra, aún existen muchas áreas pendientes de abordar en las siguientes etapas de negociación de la AP, como lo son el tema financiero, los servicios en general, homologación de normas para la industria, etc..

No obstante lo anterior, se ha dado dos pasos tendientes a estrechar los lazos de la AP con el Asia. Por una parte, en materia de integración financiera, se ha iniciado un proceso de colaboración entre el APEC Business Advisory Council (ABAC) o Consejo Empresarial de APEC y el Consejo Empresarial de la Alianza del Pacífico (CEAP). Existen varios productos financieros que ya han sido abordados en la agenda de ABAC que recién están empezando a ser tratados en este lado del Pacífico y hay otros temas como el del manejo de los fondos de pensiones que, por ejemplo, en Chile se conoce bien y que son de interés de los asiáticos. El beneficio adicional de este mecanismo de colaboración es que, en el desarrollo de los nuevos productos financieros de la AP; se produce una tendencia a favorecer la experiencia asiática versus otras, como la europea, por ejemplo, desarrollando modelos símiles que permitirán integrar los mercados de las economías AP y del Asia en el futuro.

Por otra parte, se ha abierto la posibilidad para que Nueva Zelanda, Australia, Singapur y Canadá se incorporen a la AP en calidad de “Estado Asociado”, lo cual significa que cada uno de ellos negociará individualmente una suerte de tratado de libre comercio con la AP como un todo. Este hecho, sin duda, constituye una señal clara de parte de la AP de que sus intereses están hacia el Asia Pacífico y que se está dispuesto a la integración. Paralelamente, esta iniciativa también ha sido señalada como un mecanismo para rescatar al Trans Pacific Partnership (TPP), ya que 7 de los 11 países signatarios de éste, quedarían incluidos en esta nueva AP + cuatro Estados Asociados, sin descartar que, en el corto plazo, otros, como Japón o Vietnam, quieran incorporarse al proceso.

En resumen, estamos siendo testigos de un cambio en el orden mundial, donde se han abierto espacios de poder y donde pareciera que se estuvieran intercambiando los roles de los principales actores. En este contexto, China estaría jugando el papel de defensor del libre comercio con iniciativas que apuntan a la apertura clara de su mercado e inversiones. OBOR es una señal clara de lo anterior y, además, de querer ocupar los espacios liberados por EE.UU.

Escrito por Loreto Leyton

Descargar la publicación Perfiles Económicos Asia Pacífico 2016

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