Notas preliminares sobre la Presidencia de Donald Trump*

Por Andrés Bianchi el jun 19, 2017

perspectivas a partir de la política exterior de Trump.

En esta presentación procuraré analizar tres aspectos importantes de la gestión de Donald Trump como Presidente de Estados Unidos:

  1. Su política exterior y, en especial, su política comercial,
  2. El condicionamiento que el marco político-institucional norteamericano puede imponer a algunas de sus propuestas y decisiones más radicales, y
  3. La vinculación de éstas con la peculiar personalidad de Donald Trump.

Sobra señalar que, tanto por la brevedad del período transcurrido desde su asunción a la Presidencia como por la limitación del tiempo de que dispongo, el análisis será preliminar y casi esquemático.

La Política Exterior de Trump

Tres rasgos principales caracterizan, a mi juicio, la política exterior del presidente norteamericano. El primero es la combinación de un nacionalismo extremo, una marcada posición anti-globalización, y un proteccionismo populista.  El segundo es la improvisación y los virajes bruscos en sus posiciones respecto de materias importantes. Y el tercero es la subestimación de los efectos negativos que las políticas que ya ha adoptado y las que ha anunciado que llevará a cabo están teniendo y tendrán sobre la influencia y el prestigio internacional de Estados Unidos.

La primera de estas características se basa en: 

  1. Un proceso económico histórico real,
  2. Las consecuencias políticas de éste, y
  3. Un diagnóstico parcial y equivocado de sus causas.

El hecho económico real es la persistente declinación de ciertas industrias tradicionales de Estados Unidos - como la del carbón, el acero y la automotriz - y el consiguiente deterioro de los niveles de vida y las perspectivas laborales de un número considerable de trabajadores, mayoritariamente blancos y cuyas calificaciones y destrezas no son adecuadas para obtener empleos bien remunerados en las nuevas industrias y, sobre todo, en las actividades de servicios surgidas como producto de las innovaciones tecnológicas y organizativas y, en especial, de la revolución tecnológica en los sistemas de información y las comunicaciones.

El hecho político principal es la oportuna percepción por parte de Donald Trump como candidato de los problemas sociales generados por el retroceso de esas industrias tradicionales, y su empatía con las limitadas posibilidades de progreso de los trabajadores que laboraban en ellas, y con su explicable resentimiento y rechazo del sistema económico liberal y competitivo surgido después de la II Guerra Mundial.

En la visión de Trump, las causas principales de este fenómeno son: 

  1. El aumento de las inversiones de numerosas empresas norteamericanas en países de menor desarrollo, cuyos costos laborales son mucho más bajos que en Estados Unidos y algunos de los cuales gozan de acceso preferencial al mercado norteamericano en virtud del NAFTA y otros tratados de libre comercio y
  2. La inundación del mercado de Estados Unidos por importaciones provenientes de dichos países y de otros que, en su opinión, generarían una competencia desleal con los productores norteamericanos mediante la manipulación deliberada de los tipos de cambio.

Por cierto, este diagnóstico – de claro cuño mercantilista – ignora tanto los beneficios que derivan del libre comercio como el rol fundamental que ha jugado el acelerado cambio tecnológico en el retroceso de los niveles de producción y empleo de las industrias tradicionales norteamericanas y, asimismo, en el surgimiento de nuevas actividades de gran dinamismo y que ofrecen ocupaciones altamente remuneradas.

Este diagnóstico – que considera, además, que todo déficit comercial es intrínsicamente malo – conduce naturalmente a propuestas como el retiro de Estados Unidos del TPP; el abandono unilateral del NAFTA; el alza de los aranceles a niveles de hasta 45%; la utilización intensa de mecanismos de protección paraarancelarias, y a presiones y amenazas para que las empresas norteamericanas no inviertan en el exterior sino en Estados Unidos.

La segunda característica de la política exterior del Presidente Trump han sido los bruscos y contradictorios cambios introducidos en algunas áreas de gran importancia. Claros ejemplos de ello son los categóricos juicios formulados con respecto a la OTAN – que fue inicialmente calificada como una institución obsoleta y que, a poco andar, se dijo que había dejado de ser obsoleta , y en relación al NAFTA, del cual se sostuvo al comienzo que Estados Unidos se retiraría unilateralmente, posición que posteriormente fue sustituida por la de reformar dicho tratado mediante negociaciones con Canadá y México.

Esta política zigzagueante ha generado naturalmente considerable incertidumbre entre los aliados y los socios comerciales de Estados Unidos. Más grave, empero, es la subestimación de las consecuencias negativas que ella ha generado y puede tener sobre la influencia y el prestigio internacional de Estados Unidos. En efecto, es evidente que su sesgo anti-globalización y neo-proteccionista socava las bases fundamentales del orden económico liberal y pro libre comercio surgido después de la II Guerra Mundial, cuyo principal impulsor fue, precisamente, Estados Unidos, y que ha sido, además, la causa más poderosa del auge económico sin precedentes de la economía mundial durante los últimos 70 años. El resultado más evidente de este vuelco en la orientación de la política comercial de Estados Unidos ha sido el aumento del prestigio y la influencia relativa de China en el escenario internacional que, algo paradójicamente, ha ido asumiendo el rol de principal defensor del libre comercio y la globalización.

 

Trump y el Sistema Político-Institucional Norteamericano

Existe una explicable preocupación, tanto en Estados Unidos como en el exterior, por los costos económicos, sociales y políticos que generaría el cumplimiento de las numerosas y radicales reformas que Donald Trump prometió realizar durante la campaña presidencial.

Afortunadamente, un rasgo distintivo del sistema institucional norteamericano es la existencia de los denominados checks and balances. Como es sabido, este sistema de pesos y contrapesos – probablemente la mayor y más original contribución de los founding fathers a la estabilidad política de Estados Unidos – tiene como objetivo esencial evitar el predominio incontrarrestable del Poder Ejecutivo y está garantizado por las amplias atribuciones que la Constitución otorga al Congreso y al Poder Judicial y, en especial, a la Corte Suprema. De manera indirecta, pero en los hechos muy efectiva, el poder del ejecutivo se ve también limitado por la influencia que ejercen sobre la opinión pública los principales medios de comunicación.

Dos hechos acaecidos tempranamente en la administración de Trump ilustran la crucial importancia del sistema de pesos y contrapesos. El primero fue la oposición de los Tribunales a la decisión del Ejecutivo de prohibir la entrada a Estados Unidos de personas procedentes de seis países predominantemente musulmanes, la cual implicó que aquella decisión no se pudo hacer efectiva. El segundo fue el fracaso de la iniciativa dirigida a desmontar aspectos fundamentales de la reforma del sistema de salud impulsado por el Presidente Obama. Esta iniciativa fue rechazada en el Congreso, no sólo por los parlamentarios demócratas, sino también por el ala más conservadora del Partido Republicano. Por otra parte, es probable que el radical proyecto de reforma tributaria, al menos en la forma propuesta por el gobierno, tampoco pase la valla del Congreso y que deba ser modificado en algunos aspectos sustanciales.

 

Un factor inusitado:  la personalidad de Donald Trump

En una columna brillante y esclarecedora publicada en el diario El País, de España, titulada “¿Está loco Trump?”, Moisés Naím plantea que, a pesar de su diversidad, los poderosos y los líderes tienen dos rasgos en común: son carismáticos y vanidosos. Agrega que es fácil que la vanidad extrema se convierta en narcisismo, el cual, a su vez, puede llegar a ser patológico. Naím informa, asimismo, que la Asociación Psiquiátrica de Estados Unidos ha desarrollado criterios para diagnosticar el narcisismo patológico, al cual denomina Desorden de Personalidad Narcisista (DPN).

De acuerdo con dicha entidad, quienes sufren de DPN tienen todos o la mayoría de los siguientes síntomas:

  1. Sentimientos megalómanos y expectativas de que se reconozca su superioridad.
  2. Fijación en fantasías de poder, éxito, inteligencia y atractivo físico.
  3. Percepción de ser único, superior y formar parte de grupos e instituciones de alto estatus.
  4. Constante necesidad de admiración por parte de los demás.
  5. Convicción de tener el derecho de ser tratado de manera especial y con obediencia por los demás.
  6. Propensión a explotar a otros y aprovecharse de ellos para obtener beneficios personales.
  7. Incapacidad de empatizar con los sentimientos, deseos y necesidades de los demás.
  8. Intensa envidia de los demás y convicción de que los demás son igualmente envidiosos respecto a él.
  9. Propensión a comportarse de manera pomposa y arrogante.

Parafraseando la conocida aclaración cinematográfica de que la similitud entre los hechos relatados en la película y los hechos reales constituye una mera coincidencia, no parece exagerado decir que la similitud de los rasgos psicológicos del Presidente Trump con los criterios que definen el Desorden de Personalidad Narcisista no es una mera coincidencia.

 

Preguntas

A la luz de los antecedentes descritos, parece razonable formular algunas preguntas:

  1. ¿Podrá el sistema de checks and balances cambiar la conducción del Presidente Trump de modo de hacer sus políticas menos imprevisibles, voluntaristas y emocionales?
  2. ¿Llegará el Presidente Trump a respetar las restricciones que plantea la realidad y dejará de guiarse principalmente por sus pulsiones, fantasías y obsesiones?
  3. ¿Aprenderá el Presidente Trump las lecciones que derivan del ejercicio del poder en el mundo real y logrará así gradualmente incrementar su aparentemente escaso conocimiento de historia, economía, política y relaciones internacionales?

Por cierto, a estas alturas no sería prudente contestar estas preguntas en forma inequívoca. Sin embargo, el solo hecho que para muchos sea razonable planteárselas no deja de ser alarmante.

 

* Versión ligeramente editada de la Presentación hecha el 4 de mayo con ocasión de la Conferencia Anual de la Fundación Chilena del Pacífico, titulada "Las políticas de Trump y su efecto en Latinoamérica"

Temas: Noticias

Escrito por Andrés Bianchi

Ex Embajador de Chile en Estados Unidos.
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